Poesia de Antonio Hernandez
No olvidé tantas cosas que hicieron mi vida triste y desbandada.
No olvidé tan siquiera los golpes furiosos, con piernas, con lengua y con manos.
La caricia que yo le sacaba a la tarde de agosto para compensarme,
Esa torre de piedra que le embiste al cielo su campana loca por su azul descalzo
o los pinos que ponen la nubes en un compromiso de ahogo y ternura,
no olvidé que tus calles tortuosas de piedra y de arena guiaron mis pasos.
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